Cuando mi querida amiga y admirada colega, Aline Albuquerque tuvo la gentileza de invitarme a prologar esta obra, me invadió una profunda alegría y un gran placer; este reconocimiento, inmerecido, me encuentra en una etapa de profunda reflexión y estudio sobre los alcances de la Inteligencia artificial (IA), en la vida en general, y en la Bioética en particular. Mi entusiasmo por la invitación se acrecentó a medida que fui avanzando en la lectura de esta maravillosa obra, que sin duda se trata de un aporte significativo para la Bioética Latinoamericana, a través de todos los capítulos se puede observar un análisis exquisito, crítico y al mismo tiempo esperanzador. El aporte tiene gran relevancia para nuestra región, ya que tiene un aroma y color propio, y se encuentra equidistante entre la utopía californiana y el pánico europeo (Bratton).
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