Los pecados manifiestos nunca encuentran una salida agradable, sin embargo, siempre hay gente resiliente dispuesta a abordarlos y no dejarse amedrentar pese al cúmulo de adversidades.Los maquiavélicos hilos de la vida nos convierten en esclavos de nuestras propias acciones, pero también de aquellas que son ajenas a nuestras voluntades viéndose frustrada la inocencia de unas pocas niñas que ven, poco a poco, como sus vidas se tornan en sueños rotos confiando en que el único remiendo del juguete roto es el suicidio.
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